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La marihuanilla, también llamada agripalma de Siberia, es una especie anual de crecimiento rápido de la familia de las Lamiáceas.
Es originaria de Asia y mide aproximadamente 1,50 metros de altura. Su ciclo vegetativo es muy corto, dura solo de 2 a 3 meses.
Su follaje se compone de hojas profundamente recortadas en segmentos estrechos y dentados. Las hojas situadas en la base son generalmente más anchas, mientras que las que trepan a lo largo del tallo se vuelven más finas y cinceladas.
La floración se presenta en forma de verticilos, es decir, círculos de flores apretados que rodean el tallo principal a intervalos regulares. Estas pequeñas flores tubulares muestran matices que van del rosa pálido al violeta purpúreo y poseen una textura ligeramente vellosa. Florecen progresivamente de abajo hacia arriba de la planta durante todo el verano.
Sus frutos aparecen tras la caída de las flores en forma de pequeños receptáculos rígidos que contienen cada uno cuatro pequeñas semillas marrones y angulosas. Una vez secas, estas cápsulas se vuelven bastante duras y liberan sus semillas en cuanto el tallo es sacudido por el viento o por un paso.
Las semillas de marijuanilla procedentes de Leonurus sibiricus son finas, marrón oscuro y de forma lanceolada. Miden 2 milímetros y pesan solo 1 o 2 centigramos.
A nivel ornamental, es apreciada por su silueta vertical y su aspecto salvaje que se integra perfectamente en jardines de estilo natural o macizos tipo pradera. Su gran capacidad para atraer polinizadores, como abejas y mariposas, la convierte también en una aliada valiosa para favorecer la biodiversidad en los espacios verdes.
En el ámbito etnobotánico, esta planta ocupa un lugar importante en la medicina tradicional asiática, especialmente en China y Vietnam, para tratar trastornos relacionados con el ciclo femenino. Sus hojas y flores también son conocidas con el nombre de "Marijuanilla" en América Latina, donde a veces se secan y se fuman por sus propiedades relajantes y calmantes leves.
No consumir. Cultivar únicamente para la salvaguarda de la especie etnobotánica.
La Leonurus sibiricus se desarrolla en tierras ligeras, fértiles y, sobre todo, perfectamente drenadas para evitar la asfixia de sus raíces. Tolera cierta pobreza del sustrato, pero un aporte de compost favorece un crecimiento más vigoroso y una estructura más robusta.
Esta planta anual exige una ubicación bañada por el sol directo para garantizar una floración abundante y tallos bien rígidos. Una luminosidad insuficiente puede provocar el ahilamiento (estiramiento débil) de la silueta y una coloración menos intensa de sus flores.
Aunque aprecia el calor estival, esta especie es una anual capaz de soportar heladas moderadas durante su fase de crecimiento. Prefiere climas templados a cálidos y teme los inviernos demasiado húmedos que pueden comprometer la supervivencia de los brotes jóvenes.
Los riegos regulares son necesarios durante el establecimiento, pero la planta soporta periodos cortos de sequía una vez adulta. Debe evitarse absolutamente el exceso de riego o el estancamiento de agua en la base para no favorecer la pudrición.
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